Todo aquello por lo que los ingenieros e inventores lucharon durante siglos, para poder proyectar una imagen en movimiento, acaba de morir.
La nomenclatura del cine, en su acepción etimológica de Kine, movimiento, no sólo aludía a las imágenes proyectadas propiamente tal, sino al intrincado engranaje que permitía la circulación de una película en una proyectora y su exhibición, con todas sus virtudes y defectos.
La imagen cinematográfica, aquella filmada en 35 ó 16 milímetros, con rayaduras, pegaduras, granos, mugre y pelusas, dejará de existir.
Ya es oficial. Para el año 2010 las compañías norteamericanas dejarán de traer copias en soporte fílmico para los cines. La nueva tecnología que se aplicará es la de la película digital, recibida vía satelital o bajada de un servidor a un computador poderoso, capaz de igualar, pero no superar, la proyección mecánica.
Es más, este nuevo sistema ya existe en Latinoamérica y, al parecer, llegó para quedarse. La empresa Rain, de Brasil, es la pionera en este campo, y está ofreciendo sus servicios en Chile, así como ya lo hizo en Perú, donde gozó de gran aceptación. Y no es para menos, ya que en países como este, producir cine en condiciones tradicionales es demasiado costoso, y la proyección digital permite el uso de soportes de cintas mini DV, en grabación de calidad HD. En estos casos se acepta y se celebra la aplicación de la tecnología, pero la esencia misma del cine ha sufrido una estocada mortal. Ya hemos asistido a películas (ya no podremos decir filmes) rodadas en digital (las últimas Star Wars, el último Indiana Jones) que parecen llamar a gritos la tomadura de manos entre los pixeles y los sistemas binarios.
Rain, que significa Red Activa de Proyección Digital, a través de una tecnología patentada y llamada Kinocast, comenzará a distribuir películas de grandes compañías, instalará sus equipos en salas de cine y cobrará por exhibición. Bienvenidos a la era del postmodernismo, donde el sistema romántico de la bobina y el cambio de rollo, con sus puntos, quedará en la historia.
Ahora bien, las cadenas de cine deben adquirir los equipos que son, por supuesto, costosos. ¿Qué pasará con las salas chicas que exhiben cine alternativo, llámese europeo o cine arte? ¿Seguirán esas compañías distribuidoras más pequeñas, trayendo material en soporte fílmico?
Se nos advirtió hace unos 10 años que este día iba a llegar, pero lo veíamos tan lejano. Todo se ha hecho en nombre de los costos, y de rebajarlos, evitando tener que mandar a copiar una película a los laboratorios, revelarla, distribuirla en los países, pagar la aduana para su internación, trasladar físicamente las copias por todo el país y, finalmente, tener que pagarle a alguien para que las destruya con un hacha después de terminada su exhibición por las salas.
Y ahora está aquí, una tecnología que no tiene sentido, porque es como ver una película por el TV cable, pero en una sala grande, con más personas, y en oscuridad.
Y esto es sintomático de una humanidad sin sentido, que habita un planeta sin sentido y que ha hecho de su existencia un sinsentido.