Son muchos los mensajes emitidos en torno a la falta de oportunidades de trabajo en el ámbito del periodismo. El bombardeo comunicacional establecido en esa dirección crea una sensación de inseguridad entre quienes desean abrazar esta profesión como una opción de vida.
A eso se agregan estadísticas que hablan de bajas remuneraciones y de un menor interés por estudiar esta carrera.
Sin embargo, el periodismo, como disciplina de vida, profesión y camino a seguir, nunca ha ido de la mano de los grandes sueldos y de una masiva oferta de medios. Es por ello que quienes piensan que el acercamiento y ejercicio de esta disciplina sólo debe pasar bajo los criterios puramente monetarios, le faltan el respeto a quienes aman esta actividad y a los que alguna vez desearían ejercerla.
Hay hechos reales que a muchos los desmotivan de antemano. El país experimenta un crudo escenario en materia de periódicos, con dos grandes cadenas que se pelean avisadores y lectores de manera voraz; el mercado radial tiene un alto porcentaje de emisoras concentradas en un solo propietario, y la televisión aún no despliega con toda su potencia a cadenas regionales que realmente puedan competir con las señales capitalinas.
Sin embargo, los constructores de este escenario no son los periodistas. Aquí los grandes responsables residen en los poderes políticos que no han sabido defender el valor de los medios de comunicación en una sociedad de la información y la transparencia, ya que para muchos una oferta restringida en esta materia les asegura un mayor control de lo que circula en la opinión pública.
Sumemos que a la hora de hablar de condiciones laborales y remuneraciones, los principales responsables somos nosotros, que acatamos mansamente cómo las distintas empresas comunicacionales establecen condiciones inaceptables para cualquier otro gremio, y lo que es más vergonzoso, estamos dispuestos a ocupar en peores condiciones los espacios laborales que dejan vacantes quienes no quieren dejarse atropellar.
Los periodistas habitualmente entregan noticias sobre las malas condiciones de trabajo de distintas profesiones u oficios (docentes, profesionales de la salud, transportistas, subcontratados de la minería, etc.) pero cierran sus bocas para poner en pauta lo que acontece en nuestro gremio y sienten vergüenza de poner en vitrina esta situación.
Es por ello que muchos prefieren encender las alarmas y prevenir el ingreso de nuevos interesados en avanzar por este complejo pero hermoso camino.
Como argumento, lo expuesto por el gremio en torno a lanzar una campaña denominada “No seas un periodista frustrado”, me parece mediocre, es especial cuando otras disciplinas, con campos laborales aún más reducidos y con condiciones de salario aún más bajas, sólo esperan el ingreso de nuevos profesionales que generen espacios de desarrollo y que los ayuden a presionar por un mejor destino.
Quizá este sea el gran argumento que a muchos jóvenes los lleva a mirar otras carreras a la hora de pensar en el periodismo. No se trata del mercado laboral ni de las bajas remuneraciones. Lo más probable es que se trate de la mirada crítica que hacen los estudiantes a un gremio que hace muy poco para cambiar y engrandecer su futuro.
Pero bueno, el resto de esta columna la reservo para quienes -más allá de lo anteriormente descrito- desean acercarse al Periodismo porque es lo que más quieren para sus vidas.
Uno de los mejores campos de desarrollo de la profesión está lejos de la oferta tradicional de los medios. La democratización y el menor costo de las nuevas tecnologías han abierto infinitos espacios para la generación de nuevos proyectos en materia de comunicaciones.
Es este ámbito juegan un rol fundamental la capacidad de gestión, el rigor y el olfato periodístico en la detección de nuevos “nichos”, especialmente en el campo de internet.
Las plataformas digitales, los medios especializados y la segmentación del mercado entregan nuevas oportunidades de emprendimiento en la generación de más alternativas. El producto ya no se valora sólo por su peso histórico, los nuevos parámetros están dados por la calidad de los contenidos, la accesibilidad y la flexibilidad en sus herramientas de llegada al público.
Si a eso agregamos el enorme campo que nos ofrece la comunicación estratégica, el horizonte aún puede ser mejor, en particular porque cada día son más los actores sociales, en el campo público y privado, individual y colectivo, que requieren de asesoría eficiente en su relación con la opinión pública y los mercados.
Ellos necesitan a profesionales de la información para responder de manera eficiente ante hechos fortuitos, para desplegar campañas comerciales o propagandísticas. Aquí la oferta es cada vez mayor, sólo se necesita calidad y arrojo para buscar el desarrollo en estos segmentos.
Al final de cuentas, la situación del periodismo no es algo de pesos más y cupos menos, es un tema de calidad y emprendimiento.